En los temblores.
En mis camisas.
Algo siempre inerte se ensambla,
bulle como sangre sucia,
se agita.
¿Cómo puede existir tal desconexión,
tal atroz diferencia,
entre lo invisible y lo exterior?
Lo justo parece injusto
cuando en la noche los mecanismos
de todo lo que es
se muestran relucientes,
divertidos.
Y resulta que
la noche es tierra de fantasmas,
vienen de lejos o cerca,
y se enredan entre si
cuando los vemos.
Persiguen a las sombras de la mente
y las abrazan
en un acto de amor.
Y del abrazo
engendran muertos
muertos sin sustancia,
muertos explosivos,
engendran algo que no entiendo.
Algo que siempre inerte se ensambla,
que bulle como sangre sucia
y se agita
en mis camisas,
en mis temblores.